Globalización y Educación

 La globalización

Entender la globalización parece un punto necesario de partida. Se hará una breve exposición de los aspectos más determinantes que enmarcan y sirven para conocer este fenómeno, así como sus repercusiones sobre la educación.



¿Qué es la globalización?

Definir la globalización es una tarea realmente compleja. La disparidad de puntos de vista y orientaciones de los muy numerosos autores que se han acercado a su conceptualización, da como resultado que no exista una definición más o menos consensuada. Dónde sí existe cierto consenso es en su definición bajo términos económicos, adjetivándose, principalmente, como globalización económica, neoliberal o capitalista.

A modo de acercamiento conceptual, tomando como referencia la definición de López Rupérez (2001), se puede identificar la globalización como un conjunto de procesos, principalmente de carácter económico, que, a través de las interacciones, interconexiones e interdependencias existentes entre los diversos países y de la intensificación, desarrollo y extensión de esas redes globales, produce que ciertos hechos, acciones y decisiones ocurridos en un lugar concreto del globo y que antes sólo repercutían localmente, ahora lo hagan de forma global.


¿Dónde se encuentran los orígenes de la globalización?

 La globalización no es un fenómeno realmente nuevo. Los procesos globalizadores, de mundialización o de universalización, han sido una característica humana que se ha ido repitiendo a través de los siglos de historia de la humanidad. Buen ejemplo de ello serían el Imperio Romano, los viajes de los vikingos o la colonización de América. Por lo tanto, la historia de la Humanidad es, con muchos picos de sierra, la historia de la globalización (Estefanía, 2002). Como puntualiza Robertson (2005), ha estado siempre entre nosotros como una dinámica humana, aunque no hayamos sido conscientes de su avance.

 ¿Cuáles son sus principales características?

La globalización no es una fantasía, es un fenómeno real, creado por la acción del hombre, de carácter fundamentalmente económico, que se asienta ideológicamente sobre los principios del neoliberalismo y el turbo capitalismo, los cuales desarrolla. La fase actual nace de la confluencia de una serie de hechos históricos que han ayudado a su configuración. Los más destacables son la crisis del petróleo (1973), la aparición y desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC) (1970-1990), el impulso a las políticas neoliberales (años 80), la caída del muro de Berlín (1989), la creación de la Organización Mundial del Comercio (1995), la conformación del G8 (1998). Al favorecer el crecimiento de grandes redes globales que conectan el planeta, produce que sus repercusiones, principalmente de carácter negativo, tengan un alcance mundial, haciendo, como observa Friedman (2006), que la Tierra se vuelva plana. De este modo avanza de manera imparable, favorecida principalmente por el impulso, respaldo e influencia de una serie de motores: la revolución y los transportes, la reducción de las barreras arancelarias, el desarrollo y consolidación del mercado como institución económica primordial, la implementación de políticas neoliberales y un capitalismo global que aumenta su velocidad, su fuerza y su inestabilidad. 

¿Cómo afecta la globalización a la educación?

La educación no ha permanecido ajena a la influencia del fenómeno globalizador. Se ha visto afectada, pues al igual que cualquier ámbito de la vida social, los procesos educativos están sujetos a cambios externos a su sistema que repercuten en su función social y en su funcionamiento institucional.



La globalización revitaliza de forma interesada el papel de la educación, debido principalmente a dos factores:

 1.    Factor estructural: La globalización necesita la educación como una fuente de la que obtener su máximo rendimiento y desarrollo. Sin ella, las estructuras en las que se sustenta, tanto a nivel ideológico como material, se vendrían abajo y con ellas todo el proceso. 

2. Factor económico: La educación representa un ámbito desde el que se puede obtener un gran beneficio económico, pero también en forma de recursos humanos para el mundo laboral. Para el capital financiero la educación mundial representa el último gran mercado, un fabuloso tesoro que se cifra en 2 billones de dólares al año según la UNESCO (Díez, 2007).

 

Desde esta perspectiva se convierte la educación en un valor, en un producto irrenunciable. Teniendo en cuenta los factores estructural y económico, la globalización necesita de la educación y ejerce sobre ella una gran influencia, pretendiendo su control a través del currículo explícito y, sobre todo, del currículo implícito u oculto, que incluye aspectos que tienen que ver con intereses, valores, normas sociales introyectadas, condicionantes económicos y sociopolíticos, parámetros culturales y religiosos (Monclús, 2004).

 Frente a estos retos y desafíos, para paliar la desigualdad y que la educación sea reconocida como un derecho para todos (Laval, 2004), se puede concretar una acción: dar una respuesta positiva, coherente y crítica al fenómeno de la globalización y a sus repercusiones. García Fraile (2008), propone la educación basada en competencias entendidas como saber hacer razonado para hacer frente a la incertidumbre y al cambio. Se trataría, pues, de ser capaz de controlar la incertidumbre en un mundo cambiante y en continua evolución en lo social, lo político y lo laboral dentro de una sociedad globalizada y en mutación permanente. 

 

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